El consumo habitual de yogur aparece relacionado con distintos indicadores favorables para la salud cardiovascular, aunque los investigadores todavía no pueden afirmar que exista una relación directa de causa y efecto. La explicación fue desarrollada por una especialista en epidemiología nutricional de la Facultad de Medicina de Harvard, quien repasó estudios sobre este alimento y su posible papel dentro de una dieta equilibrada.
Los datos analizados muestran que comer yogur al menos cinco veces por semana estuvo asociado con un 16% menos de riesgo de desarrollar presión arterial alta en grandes estudios realizados en Estados Unidos. Entre personas que ya tenían hipertensión, consumirlo al menos dos veces por semana se relacionó con un 17% menos de riesgo de enfermedad cardiovascular en mujeres y 21% menos en hombres.
El efecto no depende solo de la cantidad de grasa
Uno de los puntos que más llama la atención es que el yogur, especialmente en sus versiones enteras, puede contener grasa saturada, un componente que tradicionalmente se analiza por su relación con el colesterol LDL y el riesgo cardiovascular.
Sin embargo, una revisión de ensayos controlados encontró que el yogur probiótico puede reducir el colesterol LDL total en personas con niveles levemente o moderadamente elevados. Además, un estudio realizado en Dinamarca observó que reemplazar leche baja en grasa o entera por yogur entero estuvo asociado con una reducción de entre 11% y 13% en el riesgo de enfermedad cardíaca.
Los expertos hablan del efecto de la matriz alimentaria
La explicación apunta a que un alimento completo no puede evaluarse únicamente por uno de sus componentes. Este concepto se conoce como efecto de la matriz alimentaria y plantea que proteínas, grasas, bacterias, micronutrientes y otros elementos pueden interactuar dentro del mismo producto.
En el caso del yogur, esto ayuda a explicar por qué su impacto observado en algunos estudios no coincide necesariamente con lo que podría esperarse al analizar solamente su contenido de grasa saturada.
Los estudios todavía no prueban causalidad
La propia especialista advierte que buena parte de los resultados disponibles proviene de estudios observacionales, por lo que no permiten demostrar que el yogur sea el responsable directo de una reducción en determinadas enfermedades.
Factores como la dieta general, el estilo de vida y las condiciones socioeconómicas también pueden influir en los resultados. Todavía no está completamente definido qué tipo de yogur ofrece mayores beneficios, qué bacterias podrían ser más relevantes ni qué cantidad sería adecuada para cada persona.
No existe una cantidad universal recomendada
La especialista tampoco plantea un número específico de porciones que todas las personas deban consumir. El yogur es presentado como un alimento con alta densidad nutricional que puede formar parte de un patrón alimentario saludable, especialmente por su aporte de proteína.
Entre las opciones mencionadas aparecen consumirlo con frutas y cereales integrales, utilizarlo como merienda en lugar de productos más procesados o incorporarlo en preparaciones saladas.
Las bacterias serán uno de los próximos focos de estudio
La investigación continúa sobre las distintas cepas bacterianas presentes en los yogures, ya que existen diferencias importantes entre ellas y todavía no se conoce con precisión cómo responden distintos grupos de personas.
El objetivo de estas investigaciones es avanzar hacia una nutrición más personalizada, en la que puedan definirse qué tipo de yogur, qué microorganismos y qué momento de consumo pueden resultar más adecuados para cada persona.

