Durante una sesión parlamentaria en Londres, Keir Starmer afirmó que el Reino Unido no aceptará presiones externas para modificar su posición sobre Groenlandia.
El pronunciamiento se produjo en respuesta a declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien volvió a plantear la necesidad de negociar el control del territorio ártico.
Amenazas comerciales en el centro del cruce diplomático
Desde Washington se advirtió sobre la posible aplicación de aranceles del 10% a partir de febrero, con un incremento proyectado hasta 25% en junio, dirigidos a países europeos que respalden la posición de Dinamarca sobre Groenlandia.
Las medidas fueron mencionadas como parte de una estrategia para forzar negociaciones bilaterales.
Seguridad y soberanía como ejes del debate
Donald Trump sostuvo que Groenlandia es un territorio clave para la seguridad nacional y la defensa internacional de Estados Unidos, citando su ubicación estratégica entre América del Norte, Europa y Asia.
Desde el gobierno británico, Starmer cuestionó ese planteo y señaló que la soberanía del territorio no puede ser objeto de presión comercial o diplomática.

Repercusiones en la relación transatlántica
El intercambio de declaraciones generó nuevas tensiones en la relación entre Estados Unidos y Europa, en un contexto marcado por debates sobre comercio, defensa y compromisos dentro de la OTAN.
Starmer descartó avanzar en represalias inmediatas, al indicar que una escalada arancelaria tendría impacto en trabajadores y empresas del Reino Unido.
Contexto político internacional
La discusión sobre Groenlandia se dio en paralelo a encuentros internacionales recientes, como el foro celebrado en Davos, donde Trump reiteró su postura y utilizó la expresión “solo quiero ese pedazo de hielo” para resumir el interés estadounidense en el territorio.

