
Los últimos indicadores oficiales difundidos durante el fin de semana muestran que la economía de China comenzó el año con una desaceleración más amplia de lo previsto, en un contexto donde las exportaciones no logran compensar la debilidad del mercado interno.
Los datos de enero evidencian una menor dinámica general, con retrocesos tanto en la industria como en los servicios, lo que vuelve a colocar en primer plano el debate sobre nuevas medidas de apoyo económico.
El relevamiento oficial de gestores de compras indicó que la actividad fuera del sector manufacturero registró su mayor ritmo de contracción desde finales de 2022, mientras que el sector industrial también mostró un desempeño por debajo del umbral de expansión.
Dentro de los subíndices, los nuevos pedidos descendieron hasta 49,2, y los pedidos vinculados a exportaciones se ubicaron en 47,8, ambos por debajo del nivel que marca crecimiento.
A su vez, las expectativas de producción retrocedieron 2,9 puntos, la mayor caída mensual en más de cuatro años.
Las cifras conocidas se producen en un escenario donde las autoridades han implementado programas de apoyo al consumo, incluyendo 62.500 millones de yuanes en subsidios, aunque sin cambios significativos en el comportamiento del gasto de los hogares.
El índice vinculado a bienes de consumo pasó de 50,4 a 48,3, reflejando una menor actividad en ese segmento, mientras que el sector de la construcción cayó desde 52,8 a 48,8, marcando su nivel más bajo fuera del período de pandemia.

El desempeño de China contrasta con la evolución observada en otras economías asiáticas orientadas al comercio. En enero, los indicadores de actividad manufacturera en Taiwán y Corea del Sur se ubicaron en 51,7 y 51,2, respectivamente, impulsados por la demanda de productos tecnológicos y vinculados a semiconductores.
En el caso chino, aunque algunas ramas de alta tecnología se mantuvieron en expansión con un índice cercano a 52, la industria en general continúa afectada por una menor inversión.
Los datos conocidos incrementan la probabilidad de ajustes en la política monetaria durante el primer trimestre. Analistas consultados en encuestas recientes anticipan una posible reducción de los requisitos de reservas bancarias, con el objetivo de liberar liquidez para el crédito.