
Según análisis de empresas de ciberseguridad como Kaspersky y reportes del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST), los ciberdelincuentes utilizan una combinación de ingeniería social, malware y filtraciones de datos para acceder a información personal y financiera de los usuarios.
Estas prácticas se han consolidado como uno de los principales métodos de fraude digital a nivel global.
La ingeniería social consiste en manipular a las personas para que revelen información confidencial, como contraseñas o datos bancarios.
Los atacantes suelen utilizar correos electrónicos, mensajes o llamadas que simulan provenir de entidades confiables para generar confianza y obtener acceso.

Una vez obtenida cierta información, los delincuentes pueden instalar programas maliciosos en dispositivos, conocidos como malware, que permiten capturar datos, monitorear actividades o tomar control del sistema.
Estos programas pueden ingresar a través de enlaces fraudulentos, archivos adjuntos o aplicaciones no seguras.
Las bases de datos filtradas en internet también son utilizadas para complementar los ataques, permitiendo a los ciberdelincuentes acceder a credenciales previamente expuestas.
La combinación de estas técnicas aumenta la efectividad de los fraudes y facilita el acceso a cuentas personales y bancarias.
El crecimiento de las transacciones en línea y el uso de servicios digitales ha incrementado la superficie de ataque para este tipo de delitos.