
Los precios internacionales de fertilizantes registraron aumentos de hasta 26,2% en lo que va del año, en un contexto marcado por tensiones globales que impactan directamente en el sector productivo.
Entre los fertilizantes más utilizados, el fosfato diamónico (DAP) pasó de USD 563,7 por tonelada en 2024 a USD 685,2 en 2025, manteniéndose en niveles elevados durante 2026.
La urea presentó una suba más pronunciada, alcanzando USD 725,6 por tonelada en marzo de 2026, tras un promedio de USD 422,7 en 2025, lo que la posiciona como uno de los insumos con mayor incremento reciente.
Otros productos como el superfosfato triple (TSP) y el cloruro de potasio también muestran aumentos sostenidos, aunque con menor intensidad, manteniendo una tendencia alcista en el periodo analizado.
El comportamiento de estos precios está vinculado a los costos de la energía, especialmente en el caso de fertilizantes nitrogenados que dependen del gas natural como insumo principal.
Las variaciones en el mercado energético internacional inciden directamente en los costos de producción de estos insumos, generando una transmisión de precios hacia el sector agrícola.

El aumento de los fertilizantes representa un factor de presión para los productores, ya que incrementa los costos de siembra y reduce los márgenes operativos.
Este escenario introduce incertidumbre sobre la planificación de campañas agrícolas, especialmente en cultivos que requieren un uso intensivo de insumos.
El encarecimiento de los fertilizantes puede trasladarse a lo largo de la cadena productiva, con impacto en los precios finales de los alimentos.