
El Gobierno de Perú decidió aplazar un acuerdo por aproximadamente USD 2.000 millones destinado a la compra de aviones F-16, lo que generó una reacción por parte de Estados Unidos.
La decisión se da en el marco de evaluaciones internas sobre la operación y sus implicancias financieras.
El aplazamiento del acuerdo motivó una respuesta de autoridades estadounidenses, en un contexto donde el contrato formaba parte de la cooperación en materia de defensa entre ambos países.
El vínculo incluye programas de asistencia y transferencia de equipamiento militar.

La adquisición de aviones F-16 estaba orientada a modernizar la flota aérea peruana, dentro de un plan de actualización de capacidades defensivas.
Este tipo de operaciones suele involucrar acuerdos bilaterales y financiamiento internacional.
La postergación del acuerdo introduce un elemento de tensión en la relación entre Perú y Estados Unidos, especialmente en el ámbito de cooperación militar.