
Según investigaciones recientes realizadas por la Universidad de Harvard, nuevos hallazgos científicos señalan que el litio es un elemento presente de forma natural en el cerebro y que su disminución estaría vinculada a procesos tempranos asociados a la enfermedad de Alzheimer, que afecta a más de 50 millones de personas en el mundo.
Los trabajos fueron desarrollados con apoyo de organismos públicos y fundaciones privadas, y abren una nueva línea de estudio sobre los mecanismos biológicos involucrados en esta patología neurodegenerativa.
Los investigadores identificaron que el litio cumple un rol en el mantenimiento de la función normal de distintos tipos de células cerebrales.
Los análisis mostraron que, en etapas iniciales del Alzheimer, se registra una reducción de los niveles de litio en el cerebro, lo que coincide con la aparición de otros cambios patológicos.
El estudio detalla que las placas amiloides, acumulaciones de proteínas características del Alzheimer, tienden a unirse al litio.
Esta interacción reduce la disponibilidad del metal en el tejido cerebral, lo que podría afectar procesos celulares esenciales para la memoria y otras funciones cognitivas.
En pruebas realizadas en modelos animales, la disminución de litio en el cerebro aceleró el deterioro neurológico y la pérdida de memoria.
Cuando los investigadores reprodujeron artificialmente este agotamiento, observaron un avance más rápido de los síntomas asociados a la enfermedad.

El trabajo incluyó el análisis de un compuesto denominado orotato de litio, diseñado para reducir su unión con las placas amiloides.
En modelos murinos, este compuesto mostró la capacidad de prevenir y revertir alteraciones vinculadas al Alzheimer, así como déficits de memoria.
Los investigadores indicaron que los resultados obtenidos en laboratorio deberán ser evaluados en personas mediante ensayos clínicos controlados.
Actualmente se encuentra en preparación un estudio clínico sobre orotato de litio, cuyo inicio está previsto para la primavera, con el objetivo de analizar su seguridad y eficacia en humanos.
El desarrollo de estos hallazgos demandó más de 10 años de trabajo, incluyendo avances tecnológicos para detectar niveles muy bajos de litio en el cerebro y el diseño de nuevas plataformas experimentales.