
Según documentos oficiales difundidos por organismos gubernamentales de China, el país inició el desarrollo de un marco normativo específico para mejorar las previsiones meteorológicas aplicadas a vuelos de drones, taxis voladores y otras aeronaves eléctricas que operan a baja altitud en zonas urbanas.
La iniciativa se enmarca en el crecimiento sostenido de la llamada economía de baja altitud y en la necesidad de reducir riesgos operativos asociados a condiciones climáticas cambiantes dentro de las ciudades.
Las autoridades establecieron un calendario para la implementación de normas industriales antes de 2027, orientadas a actividades aéreas de hasta 1.000 metros sobre el nivel del suelo.
El objetivo es estandarizar los sistemas de previsión y advertencia meteorológica que reciben los operadores, así como los datos climáticos que deberán recopilar y compartir antes, durante y después de cada vuelo.
Los entornos urbanos generan fenómenos climáticos particulares que afectan la seguridad aérea, como cambios bruscos en la dirección y velocidad del viento, baja visibilidad por precipitaciones intensas y efectos térmicos derivados de la concentración de edificaciones.
También se identifican corrientes de aire canalizadas por la densidad de calles y la altura de los edificios, lo que incrementa la complejidad de los vuelos a baja altitud.
Estas condiciones han sido señaladas como un factor que limita el despliegue ordenado de drones y aeronaves eléctricas en ciudades de gran escala.

Desde 2023, la economía de baja altitud fue catalogada como un sector estratégico emergente, con especial foco en regiones urbanas de alta actividad tecnológica e industrial.
Algunas ciudades ya cuentan con centros especializados en previsiones meteorológicas adaptadas a vuelos urbanos, utilizados como pruebas piloto para el futuro despliegue a mayor escala.
Los servicios meteorológicos existentes no han avanzado al mismo ritmo que el crecimiento del sector aéreo urbano, lo que ha generado previsiones consideradas inconsistentes o con márgenes de error elevados.
Esta brecha técnica fue señalada como un obstáculo para el desarrollo pleno de la industria, motivando la necesidad de un marco regulatorio más preciso.