
Bloomberg Línea informó que América Latina reúne una proporción relevante del agua dulce del planeta, a través de ríos, humedales, glaciares, acuíferos y grandes cuencas hidrográficas.
Entre los países con mayor riqueza hídrica se mencionan Brasil, Colombia, Perú y Venezuela, con fuerte presencia de sistemas como la Amazonía, el Orinoco y otras cuencas estratégicas.
En Brasil, gran parte de la disponibilidad de agua está vinculada a la cuenca amazónica.
El río Amazonas descarga cerca del 20% del agua dulce fluvial que llega a los océanos del planeta, lo que ubica a esta cuenca como una de las principales reservas hídricas del mundo.
Colombia también aparece entre los países con mayor disponibilidad de agua en la región.
Su riqueza hídrica está relacionada con su ubicación andina y amazónica, además de la presencia de múltiples cuencas, lo que la ubica entre los países con mayor oferta hídrica per cápita.

El artículo también menciona al Acuífero Guaraní, compartido por Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, como uno de los mayores reservorios de agua subterránea del mundo.
Este sistema se extiende por más de un millón de kilómetros cuadrados y forma parte de los recursos estratégicos de agua dulce de la región.
Especialistas citados por Bloomberg Línea advierten que la abundancia de agua no significa disponibilidad asegurada.
El cambio climático, la deforestación, la degradación de humedales, bosques y páramos, la sobreexplotación de acuíferos, la contaminación y la débil gobernanza presionan la sostenibilidad de las reservas.
El informe señala que la mayor parte del agua dulce superficial se concentra en la cuenca amazónica y en zonas andinas.
Sin embargo, varias regiones con alta población o demanda productiva enfrentan estrés hídrico, como el norte de México, la costa pacífica de Perú y Chile, el noreste de Brasil y algunas islas del Caribe.
El agua también es clave para la generación eléctrica de la región, donde la hidroelectricidad representa el 43,9% de la generación renovable.
La reducción o variabilidad del recurso hídrico puede afectar la seguridad eléctrica, elevar costos por sustitución con generación térmica y dificultar metas de descarbonización.

Entre las medidas mencionadas aparecen la diversificación de las matrices eléctricas, una mejor planificación entre agua, energía y alimentación, la protección de cuencas y mecanismos de reservas de agua.