El activo acumula una pérdida superior al 50% frente a su máximo histórico y se encuentra por debajo de su promedio móvil de 200 semanas, una referencia utilizada por el mercado para seguir tendencias de largo plazo.
Entre los elementos que influyeron sobre el precio aparecen las expectativas de inflación, las decisiones de política monetaria, la evolución de las tasas de interés y distintos eventos geopolíticos que afectaron el apetito por activos de riesgo.