
Un informe académico difundido por la Universidad de Harvard, a través de su plataforma de divulgación científica, expone cómo el perfeccionismo se ha convertido en un factor asociado a problemas de salud mental en contextos educativos, laborales y familiares.
El análisis se apoya en investigaciones psicológicas y organizacionales desarrolladas en los últimos años en Estados Unidos y Europa.
Los estudios revisados señalan que la exigencia constante de no cometer errores y de rendir al máximo se ha intensificado en entornos sociales y profesionales, con efectos medibles en el bienestar emocional.
Las investigaciones indican que el perfeccionismo no se limita a una búsqueda de buenos resultados, sino que se manifiesta como la necesidad permanente de cumplir estándares elevados sin margen de error.
Este patrón aparece con frecuencia en estudiantes, trabajadores y equipos que asocian su valor personal exclusivamente al desempeño, generando una sensación persistente de insuficiencia.
Los estudios citados asocian el perfeccionismo con un mayor riesgo de ansiedad, depresión, agotamiento emocional y otros trastornos relacionados con el estrés crónico.
En contextos clínicos y educativos, se observa que muchas personas no se identifican como perfeccionistas, sino que expresan sentirse constantemente atrasadas, en falta o incapaces de cumplir expectativas.

En entornos laborales, la evidencia muestra que los equipos donde no se tolera el error tienden a registrar mayores niveles de burnout, rotación de personal y abandono de puestos.
A nivel interpersonal, la presión por mostrarse impecable limita la posibilidad de pedir ayuda, reconocer fallas o construir vínculos basados en la confianza.
Los análisis académicos señalan que el perfeccionismo no surge únicamente de rasgos individuales, sino también de dinámicas sociales que refuerzan la idea de rendir, producir y competir de manera constante.
Este fenómeno se ve potenciado por entornos digitales y culturales donde el éxito, la productividad y la imagen personal ocupan un lugar central.
La literatura revisada destaca que los espacios que permiten el aprendizaje a partir del error y la participación sin sanciones severas presentan mejores resultados colectivos.