
El gobierno de Estados Unidos estableció un plazo de 48 horas a Irán para permitir la apertura del tránsito en el estrecho de Ormuz, en un contexto de aumento de tensiones en la región.
El estrecho de Ormuz es una vía estratégica por donde circula una parte relevante del suministro mundial de petróleo.
Su funcionamiento ha sido históricamente sensible ante conflictos entre ambos países, debido a su impacto en el comercio internacional de energía.
La confrontación ha evolucionado hacia un escenario de mayor intensidad, con episodios recientes que incluyen ataques dirigidos a infraestructuras nucleares y respuestas mediante misiles balísticos contra posiciones en el Golfo Pérsico.
Estos hechos marcaron un cambio en la dinámica del conflicto, que pasó a incluir acciones directas entre las partes.
En los últimos meses se registraron ofensivas militares orientadas a debilitar capacidades estratégicas, con impactos en distintas zonas, incluyendo Teherán y centros vinculados a producción de drones.
A su vez, grupos aliados en la región han participado en acciones en países como Irak y Siria.

El aumento de las hostilidades llevó a un escenario de mayor inestabilidad, con efectos en el mercado energético.
El conflicto generó presión sobre los precios del petróleo y motivó movimientos diplomáticos en distintos puntos de la región, incluyendo iniciativas en Islamabad.
En este contexto, Estados Unidos mantiene una postura de presión sobre Irán en relación con su programa de defensa y su influencia regional.