
La FIFA informó al finalizar la Copa del Mundo de 2026 que elevó en aproximadamente USD 2.000 millones su previsión de ingresos para los próximos cuatro años. La cifra se suma a una estimación previa cercana a USD 9.000 millones vinculada al torneo, que reunió a más de 15 millones de personas entre estadios y zonas destinadas a los aficionados.
La competencia terminó con el segundo título mundial de España, que venció a Argentina por 1-0 en la prórroga. El certamen fue disputado bajo un formato ampliado de 48 selecciones, con un total de 104 partidos durante 39 días.
Por primera vez en una Copa del Mundo, la FIFA utilizó un sistema de precios dinámicos, mediante el cual el costo de las entradas cambiaba de acuerdo con la demanda y la disponibilidad en tiempo real.
La modalidad llevó los boletos a valores récord y generó reclamos entre asistentes que también enfrentaron dificultades relacionadas con la entrega de entradas y los permisos de ingreso a los países anfitriones.
Además de recibir parte de las ventas de comida y bebidas en los estadios, la organización obtuvo ingresos por la reventa de boletos y lanzó artículos vinculados con la final.
Entre ellos se ofrecieron fragmentos del césped del partido decisivo, conservados en resina y acompañados por una réplica del trofeo, por USD 3.000.
Las interrupciones para hidratación aplicadas durante el torneo también generaron cuestionamientos. La FIFA explicó que fueron establecidas debido a las altas temperaturas y para proteger a los futbolistas.
Estas pausas permitieron que las cadenas de televisión incorporaran nuevos anuncios durante las transmisiones. Las estimaciones citadas ubican el precio de una publicidad de 30 segundos entre USD 250.000 y USD 750.000, dependiendo del partido, la etapa y la audiencia esperada.
Con dos interrupciones por encuentro, el torneo habría habilitado hasta 832 espacios publicitarios adicionales. Ese inventario podría representar cerca de USD 500 millones para las cadenas, situación que también podría elevar el valor de los próximos derechos televisivos.

El formato de 48 equipos permitió que siete selecciones avanzaran por primera vez a las rondas eliminatorias, pero también amplió la cantidad de encuentros y los desplazamientos durante la competencia.
Los futbolistas mantienen reclamos por el creciente número de partidos organizados por la FIFA, las ligas y las confederaciones regionales. A pesar de estas críticas, ya fue planteada la posibilidad de llevar el Mundial de 2030 a 64 selecciones.
La próxima edición se disputará en seis países anfitriones, por lo que una nueva ampliación aumentaría las necesidades de transporte, estadios, alojamiento y organización.
La tecnología también pasó a ocupar un lugar central. Durante cada encuentro fueron recopilados más de 150 millones de puntos de información, utilizados para decisiones arbitrales, seguimiento de jugadores y análisis del juego.
La FIFA estudia la posibilidad de comercializar estos registros mediante herramientas de inteligencia artificial y visión por computadora. La iniciativa abre una nueva fuente de ingresos, aunque algunas decisiones tomadas con sensores y sistemas automatizados fueron cuestionadas durante el campeonato.
Las 211 asociaciones integrantes de la FIFA recibieron en conjunto USD 2.250 millones durante los últimos tres años. Los recursos procedentes del organismo y de la clasificación mundialista tienen un peso mayor para los países con estructuras deportivas pequeñas.