
El estrés laboral representa un factor que incide en la productividad y en la economía global, de acuerdo con estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
El análisis indica que las pérdidas económicas asociadas al estrés alcanzan el 13,7% del Producto Interno Bruto a nivel mundial, reflejando su incidencia en el desempeño laboral.
En el caso del continente americano, el impacto también es significativo en términos económicos. Según los datos disponibles, las pérdidas en la región se ubican en torno al 11,2% del PIB, vinculadas a factores como ausentismo y disminución del rendimiento.
Estos indicadores forman parte de evaluaciones sobre salud ocupacional y su relación con la actividad económica.

El estrés en el trabajo puede estar relacionado con múltiples condiciones, incluyendo carga laboral, entorno organizacional y estabilidad en el empleo.
De acuerdo con la OIT, estos factores influyen en la capacidad de los trabajadores para mantener niveles óptimos de productividad, lo que repercute en los resultados económicos.
El tema se inscribe dentro de la agenda de salud laboral, donde se analizan las condiciones de trabajo y su impacto en el bienestar de las personas.