
Según un reporte de la Cleveland Clinic, el consumo de agua cerca de la hora de dormir puede influir en la calidad del descanso, principalmente por su relación con los despertares nocturnos.
La hidratación cumple un rol clave en el organismo, interviniendo en funciones como la regulación de la temperatura corporal, la circulación y el metabolismo.
Desde la Cleveland Clinic se señala que mantener niveles adecuados de hidratación es necesario para el funcionamiento general del cuerpo, pero el momento de ingesta de líquidos también puede tener impacto en los hábitos de descanso.
Uno de los efectos más comunes de beber agua antes de acostarse es la necesidad de interrumpir el sueño para orinar, una condición conocida como nicturia.
Especialistas de la Cleveland Clinic indican que estas interrupciones pueden fragmentar el descanso, reduciendo la continuidad de los ciclos de sueño y afectando el tiempo total de reposo durante la noche.
Las recomendaciones apuntan a distribuir la ingesta de líquidos a lo largo del día, evitando concentrarla en las horas previas al descanso nocturno.
Este enfoque permite disminuir la probabilidad de despertares durante la madrugada, manteniendo un equilibrio entre hidratación y calidad del sueño.
El descanso está condicionado por múltiples factores, incluyendo rutinas previas al sueño, alimentación y consumo de líquidos.