
Un análisis difundido por Coinbase describe un cambio de etapa para el mercado de activos digitales con proyección a 2026, caracterizado por mayor participación institucional y una menor centralidad del inversor minorista.
El enfoque se apoya en avances regulatorios, adopción pragmática y una integración más estrecha con el sistema financiero tradicional.
El informe plantea un pasaje desde ciclos dominados por expectativas a un entorno basado en funcionalidad operativa, infraestructura y cumplimiento.
En este marco, la presencia de instituciones financieras gana peso, impulsada por marcos normativos que habilitan ETF al contado, tesorerías de activos digitales y nuevos esquemas de cumplimiento en distintas jurisdicciones.
La adopción institucional redefine objetivos y horizontes de riesgo.
Para Bitcoin, la volatilidad histórica a 90 días se ubicó en un rango de 35% a 40%, alineándose con activos tecnológicos de alto crecimiento y reforzando su vínculo con mercados de riesgo tradicionales.
El documento señala que los ciclos clásicos asociados al halving pierden relevancia frente a fuerzas estructurales que influyen en el precio.
La influencia de actores tradicionales del ecosistema cede espacio al capital institucional, con estrategias de largo plazo y mayor capacidad de impacto sobre el sentimiento de mercado.
Empresas públicas, fondos y tesorerías corporativas incrementaron su exposición, modificando la naturaleza de la demanda.

Ethereum consolidó su rol como capa de asentamiento institucional.
Durante 2025, la actualización Pectra incorporó mejoras en escalabilidad, experiencia de usuario y eficiencia del staking, posicionando a la red para usos institucionales con menor fricción.
En paralelo, el crecimiento de activos del mundo real tokenizados avanzó con fuerza. El valor total tokenizado alcanzó USD 12.700 millones, con Ethereum capturando el 52% del mercado, reforzando la demanda estructural de espacio en bloque para activos regulados.
La tokenización de dinero estable mantiene una trayectoria ascendente.
El análisis proyecta que el mercado de stablecoins podría alcanzar una capitalización cercana a USD 1,2 billones hacia finales de 2028.
En 2025, el volumen transaccionado llegó a USD 47,6 billones, más del doble que en 2024, con usos extendidos en pagos, remesas, nóminas y crédito.
La región aparece como un eje relevante de esta transición.
En 2025, la adopción cripto en América Latina creció 63%, impulsada por presión macroeconómica, mejoras regulatorias y digitalización financiera.
El documento destaca marcos robustos para proveedores de activos virtuales en algunos países y enfoques más conservadores en otros, configurando un mapa regulatorio heterogéneo.