El jurado determinó que ambas compañías actuaron con negligencia en el diseño y funcionamiento de sus servicios, y que no advirtieron de forma suficiente sobre los riesgos asociados a su uso.
Uno de los puntos con mayor presencia de estos compuestos fue una zona frecuentada por embarcaciones y operadores turísticos, donde se desarrollan actividades recreativas relacionadas con tiburones.